28 de septiembre, y el derecho a decidir.
- 3 oct 2022
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 18 oct 2022
Antes de comenzar, me gustaría aclarar, que así como lo explica la categoría a la que este artículo pertenece, esta es mi opinión sobre un tema bastante controversial, muchas personas puede que estén o no de acuerdo y por eso somos humanos, tenemos opiniones diferentes, pero parte de esto es lo que nos hace humanos, está dentro de nosotros aprender a convivir dentro del espacio respetándonos unos a los otros.
Dicho esto, vengo a hablar sobre el 28 de septiembre, el cual es el Día de Acción Global por el Acceso al Aborto Legal y Seguro. Como no es sorpresa si me conoces o has visto mi biografía, soy feminista y el derecho a decidir es algo que me he tomado muy en serio desde que empecé a informarme más sobre el movimiento, pero, sobre todo, desde que inicié con la carrera de Psicología y me di cuenta de todo lo que deben pasar tanto un feto, como su madre al obligar a esta última a culminar un embarazo no deseado.

Educación para decidir,
anticonceptivos para no abortar,
aborto legal para no morir.
Estos últimos meses he tenido la inmensa suerte de formar parte de la Escuela de Teología Feminista de la organización Ecuménicas por el Derecho a Decidir, la cual me ha ofrecido un cambio completamente de perspectiva tanto del feminismo como la espiritualidad, y con ellas he tenido el chance de, dentro de muchas otras temáticas, abordar también el tema del aborto desde múltiples perspectivas, una de ellas siendo la teología y la fe.
Llevamos tanto tiempo castigando mujeres, como sociedad, no tomamos en cuenta cómo afectamos a otras cuando tiramos discursos desde el odio, emitiendo juicios y señalando a la que piensa diferente. Vivimos en una sociedad machista, patriarcal que busca castigarnos por disfrutar nuestra sexualidad, por no cumplir el rol de ama de casa, de madre, de sirvienta, porque a fin de cuentas, para eso nos educan, y la que no esté de acuerdo, entonces esa es la "asesina,"o"pecadora," cuando en realidad no conocemos por lo que puede estar pasando la otra persona.
Las mujeres no somos máquinas de hacer bebés, dudo mucho que Dios, o cualquier otra entidad superior en la que crea el lector nos haya puesto en este mundo con solo un propósito: "ser madres y cuidar de la familia," y si una mujer desea ser madre, desea cuidar de su familia, desea ser ama de casa, eso está bien, porque los seres humanos somos complejos, estamos buscando la felicidad y la autorealización de acuerdo a nuestros propios estándares, pero justamente por esto no podemos obligar a otras a actuar como nosotras deseamos, en el caso del Estado, en este momento: a ser madres. Porque cuando desde el movimiento feminista se habla del derecho a decidir se habla también de maternidades conscientes, donde la mujer pueda decidir con completa libertad si quiere tener hijos o no, si los quiere tener soltera o con una pareja, escoger bajo qué estilo de crianza quiere educar a su hijo, saber que tiene las capacidades psicológicas, económicas y sociales necesarias para traer a ese niño... Las feministas no vamos a obligar a las madres, o a las muejeres que deseen ser madres a abortar.

Justamente por eso, la propuesta que presenta el movimiento feminista (que se puede resumir en la consigna anteriormente citada) no sólo nos habla del aborto, sino que trae también a la mesa la educación sexual integral, el libre acceso a anticonceptivos y, por último, se refiere al aborto. Las feministas no pensamos que todos nuestros problemas se van a solucionar con la legalización del aborto, ni vamos a decirle a todas las madres que aborten, queremos enfocarnos en promoción de la salud sexual y prevención de enfermedades asociadas a esta, así como la capacidad de poder elegir sobre nuestros cuerpos y que TODAS tengamos acceso a los mismos derchos sexuales y reproductivos, que todas tengamos derechos a escoger sobre nuestros cuerpos.
Vivimos en un país lleno de machismo y misoginia, los cuales además son respaldados por fundamentalismos y dogmas religiosos, que no sólo condenan a las mujeres libres, sino que además ejercen presión política sobre los poderes legislativos de un Estado definido como laico, la educación laica NO EXISTE, y por ello, mucha información es censurada, permitiendo así la desinformación y mujers sometidas y complacientes. Vivimos en un Estado donde si eres mujer menor de 27 años y sin hijos, no puedes ligarte las trompas, donde si estás casada, debes llevar una autorización firmada de tu pareja para que se te haga un procedimiento quirúrgico para esterilizarte, donde si eres una adolescente que quiere iniciar su vida sexual y busca anticonceptivos para evitar el embarazo no deseado no se te brinda educación sexual, mucho menos anticonceptivos, donde si eres violada por un hombre mayor de edad cuando eres una niña, ese hombre nunca ve justicia, pero a ti se te dice que ese niño es una bendición de Dios.
Lo más triste de todo es que el Estado y quienes dicen defender la vida no proveen a la madre insumos para ayudarla a cuidar a ese niño, o programas para que pueda terminar sus estudios, tampoco persiguen al padre para que se haga cargo del niño, cuando la madre sí esta obligada a ser madre. Los procesos de adopción no son efectivos, fáciles y se enfrentan a la estigmatización y violencia obstétrica en el momento del parto. Todo esto agregado a las consecuencias psicológicas que trae para el feto como la madre el llevar a cabo un embarazo no deseado, más aún si es una niña, cuyo cuerpo no está listo para tener un bebé y parirlo.

Traer a un niño a este mundo implica una gran responsabilidad y compromiso, aquellos que dicen defender la vida parecen no comprender que sus métodos de defensión someten a esa vida a un procesos aún más doloroso que la muerte, además ¿qué tanto se puede defender la via y condenar a mujeres a servir años de cárcel por el simple hecho de ser conscientes de que no están dentro del tiempo de maternidad y toma una decisión al respecto? No estamos defendiendo la vida, estamos fomentando violencia institucional hacia la mujer y promoviendo la cultura de violación y castigo.
Por ello y por las mujeres que han muerto en abortos clandestinos, las que se han mutilado para no tener más hijos porque no tienen como cuidarlos, por las niñas que, violadas o no, mueren en partos para los que no están listas, las mujeres que saben que no están listas para ser madres y viven en una sociedad donde la maternidad es forzada y las hacen resentir a sus hijos, por las que no tenemos ni aceeso a la PAE, a las que las llamaron putas en su primera menstruación, a las que sufrieron de violencia obstétrica a mano de personal médico negligente. Por ellas escribo estos artículos, por ellas voy a seguir luchando, por ellas me voy a informar, para poder compartir la información con todas aquellas que lo necesiten.
Porque hasta Dios le consultó a María si deseaba ser madre de Cristo, porque un Dios que es bueno, que nos ama infinitamente y que busca nuestra felicidad, no está a favor de maternidades forzadas, de cargar con hijos producto de la violación o el incesto, un Dios benevolente y bueno, no es ese Dios fundamentalista que tienen las iglesias en la boca. Y me tomó bastante tiempo y una Escuela de Teología Feminista a manos de una organización maravillosa aprenderlo, y desaprender todo lo demás, pero hoy puedo decir que estoy segura de ello.
Y a ti, que hoy lees este artículo y tal vez te mofas y piensas que estoy loca, a ti que tal vez estás de acuerdo, y estas tan indignada(o) como yo, tú que leíste esto y ahora no estás seguro, que se te hizo un nudo en la garganta y de puños el corazón. ¿Qué estás haciendo para hacer de este país un país mejor?





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